Carta de la Presidenta 2018

 A mis queridos hermanos y hermanas cofrades.

Un saludo en el Señor.

Iniciamos la Cuaresma, tiempo litúrgico fuerte, cuarenta días caminando hacia la Pascua. Cuaresma cristiana y cofrade porque queremos polarizar todo nuestro esfuerzo en Cristo. Importante el acento que ponemos en los medios pero nuestro objetivo no es otro que alcanzar a Cristo. Para nosotros, la Cuaresma debe de ser un ejercicio de observar a Jesús, vivir su dolor, canalizarlo en nuestra vida personal y de hermandad y reflejarnos en él para cuando llegue la Pascua.

Hemos empezado un tiempo cuaresmal, que es un tiempo santo, fuerte y gratificante, no amargo. Empezamos este tiempo en el nombre de Cristo, a quien queremos conocer mejor y al que nos queremos acercar más. Nos queremos alimentar de su palabra y cuyo amor queremos experimentar. Cristo nos marca el camino. Hay que ponerse en marcha.

Mirar atrás pero sólo para tomar nota de aquello que hicimos y que podemos mejorar. Es necesario mirar hacia adelante, caminar hacia la meta, que sabemos muy bien que no es otra que Cristo. También Cristo nos mira y lo hace con particular fuerza en este tiempo de Cuaresma, favorable para convertirnos y encontrarnos con él.
Vamos a aprovechar nuestros cultos, pregones, presentaciones de carteles, celebraciones penitenciales…para acercarnos más a Jesús.

Vivir esa gran experiencia de amor, aprovechar todos los momentos, llenarnos de toda esta experiencia salvadora y proyectarlo a los demás. No sólo en nuestros ambientes cofrades que ya de por sí es un gran reto sino hacia los demás. Que vean en nosotros cofrades serios, comprometidos, y fieles al Evangelio. Es verdad que es difícil convivir en hermandad. Complicada tarea pero no por ello imposible. Aceptar al hermano, acogerlo, escucharlo, en definitiva amarlo. Cuánto más amemos más eficaz será nuestro anuncio. Y esto queridos hermanos es la misión cofrade. Lo primero que tenemos que hacer esta Cuaresma es contemplar el rostro de Cristo, fijar nuestra mirada.
Ver a Jesús te tiene que cambiar, es una dicha, es nuestra esperanza. No se puede ver a Jesús y seguir igual. Hay que dejarse atraer y dejarse iluminar. Y cuando esto pase es necesario llevar esa luz a los demás. Para hacer este
camino también necesitamos de algo fundamental: la oración. Estar en la presencia de Dios, permanecer en Él, amar y dejarnos amar por Dios.
La Semana Grande es el culmen de toda esta labor. Los cofrades tenemos una gran responsabilidad. Vamos superando aquellas piedras que nos vamos encontrando en el camino, convencidos de que nunca nos van a faltar. Nuestro esfuerzo ya es notorio y la ciudad, siempre expectante, se prepara para vivir los días más intensos del año. Siempre fieles a nuestro trabajo. Cuidamos hasta el último detalle para que estos días santos todos podamos vivir con intensidad, el gran acontecimiento de la Pasión y Resurrección de nuestro Señor.

Gracias por vuestra labor.

¡Que el Señor os bendiga!
Un abrazo en Cristo.

Encarni Molina
Presidenta de la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Almería.